Smart Cities: una herramienta contra el calentamiento global

El pasado mes de diciembre se cerró la cumbre de París COP21 sobre el cambio climático, donde se alcanzó un consenso de 195 países para limitar el crecimiento de la temperatura global por debajo de los 2 grados centígrados, mediante la reducción de la emisión de los gases de efecto invernadero, y en especial del CO2.

Buena parte de estos gases se producen directa o indirectamente en las ciudades, o bien mediante las emisiones del transporte (público o privado, de personas o mercancías) o bien a través del consumo energético ligado a los edificios (públicos o privados) y al alumbrado de las calles.

Así pues, las ciudades jugarán un papel vital para que los países puedan alcanzar este reto y nada mejor que el uso intensivo de la tecnología y de la participación ciudadana y, por tanto, de lo que se denominan ciudades inteligentes, para hacerlo.

No debemos menospreciar tampoco que el gasto energético es uno de los principales dispendios de los ayuntamientos y que, por tanto, es una magnífica vía de ahorro.

¿De qué manera podemos mejorar esta eficiencia? Con diferentes acciones que todas juntas definen una estrategia:

  • Optimización energética del alumbrado público: desde la sustitución de las lámparas de descarga por LEDs hasta la iluminación variable o el control centralizado de los cuadros eléctricos
  • Eficiencia energética en edificios y equipamientos municipales
  • Gestión innovadora de la energía en el ámbito local y establecimiento de control de consumos
  • Generación local de energía mediante energías renovables
  • Despliegue de puntos de recarga para vehículos eléctricos
  • Renovación de las flotas municipales para vehículos eléctricos o del transporte público
  • Formación y concienciación de los ciudadanos

A pesar de que el retorno económico de muchas de estas actuaciones es rápido, la situación financiera de los ayuntamientos no permite afrontarlo directamente, sino que hay que recurrir a financiación externa y, si es posible, que no compute como deuda municipal. Estos mecanismos existen y ya son numerosas las ciudades que los están utilizando.

Así pues, la eficiencia energética como paradigma de ciudad inteligente nos permite:

  • Ayudar a cumplir los objetivos de la lucha contra el calentamiento global
  • Ahorro económico casi inmediato y con posibilidades de financiación sin que compute como deuda
  • Mostrar a los ciudadanos que la aplicación de la tecnología aporta importantes mejoras
  • La participación de los ciudadanos en el diseño de su ciudad del futuro

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